Como la pandemia está transformando al mundo

Casos de Exito, Red-Ecológica

Written by Mr Bag

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Mientras las autoridades de muchísimos países decretan cuarentena para sus ciudadanos o toman medidas similares como el distanciamiento social para intentar frenar la epidemia mundial del coronavirus, que hasta ahora ha cobrado la vida de más de 11.000 personas, comenzamos a ver, por primera vez, los efectos a nuestro alrededor de qué ocurriría si los humanos se hicieran a un lado en el planeta.

Hace unos días el director de medio ambiente de la ONU, Inger Andersen, aseguró que la naturaleza está enviando un mensaje con la pandemia de coronavirus y la actual crisis climática. En una entrevista al diario The Guardian, Andersen advirtió que el hombre ejerce demasiadas presiones sobre el mundo natural. Dijo que, si no se cuida el planeta, significa que en realidad no nos cuidamos a nosotros mismos.

En su opinión, la prioridad inmediata es proteger a las personas del coronavirus y prevenir su propagación. «Pero nuestra respuesta a largo plazo debe abordar la pérdida de hábitat y biodiversidad», agregó. «Nunca antes existieron tantas oportunidades para que los patógenos pasen de los animales salvajes y domésticos a las personas», dijo al explicar que el 75 por ciento de todas las enfermedades infecciosas emergentes provienen de la vida silvestre.

 

Un descanso para la naturaleza

Sin el hombre generando estas presiones en el ecosistema, perturbando e interviniendo todo el tiempo, esta parece haberse tomado un descanso y en algunos lugares donde hacía siglos no se veían animales, estos están volviendo a aparecer. Los delfines se han tomado de nuevo el canal de Venecia y han aparecido peces también, nadando en un agua más clara y sin contaminación. Pavos Reales y diversas aves aparecen de nuevo en España y los ciervos toman algunas calles de pueblitos en Japón.

Si respetamos el espacio de la vida natural, no solo estaremos en mayor armonía con lo que nos rodea, sino que, además, también evitaremos que las enfermedades muten y se propaguen. Los mercados ilegales de animales, la cacería y la tala y deforestación agravan esta situación poniéndonos en peligro a todos.

Las calles por fin en silencio

Ciudades que antes era un completo bullicio, llenas de ruido, autos y contaminación, están ahora en silencio. Nadie recorre las calles a menos que sea estrictamente necesario, las filas frente a las discotecas o los cines ya no están, las aglomeraciones en los transportes subterráneos tampoco. Los espacios comunes se han quedado completamente solos, por primera vez en siglos.

Incluso, los niveles de contaminación se reducen en todo el mundo. La Agencia Espacial Europea compartió un video que muestra la determinante disminución de los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2), un gas nocivo emitido por automóviles y fábricas industriales en el norte de Italia, otro epicentro del brote de COVID-19.

La naturaleza nos está enviando un mensaje: el mundo puede seguir sin ustedes.

La revolución intrafamiliar

La dinámica familiar también ha cambiado. Esos lazos separados, donde la casa era solo un espacio para llegar a dormir luego de trabajar o ir a estudiar, ahora tiene que cumplir por fin la función para el que fue construido: ser habitado. Las familias, antes atomizadas, ahora deben convivir de manera real en un mismo lugar. Esta es una prueba de fuego para los matrimonios, para los núcleos de pareja o de familia que, si tienen diferencias, deberán aprender a escucharse y resolverlas o definitivamente separarse. Es una prueba a la tolerancia y la honestidad, algo que dábamos por sentado en el mundo moderno.

Por el contrario, en otros hogares, están pasando cosas más interesantes: familias que ya eran unidas, ahora lo son mucho más. Padres que conviven más con sus hijos, hijos que aprenden cosas nuevas y se las enseñan a sus padres, relaciones de pareja que quizás no tenían mucho futuro ahora se han fortalecido con la crisis. Pusimos a nuestros ancianos de nuevo en el centro, porque son importantes y debemos protegerlos del peligro.

También hemos aprendido un par más de normas de convivencia básicas: el respeto por el espacio del otro, el orden y la limpieza. Esto nos está transformando como sociedad y es hora de que entendamos que, a pesar del desastre, debemos volver de este siendo mejores personas, más conscientes de la naturaleza, de los espacios públicos y, por sobre todo, de nosotros mismos.

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